Un día de alegría. Las vergonzosas leyes que perdonaban a los militares culpables de los atroces crímenes de la última dictadura argentina, fueron declaradas inconstitucionales por la Suprema Corte de Justicia de la Nación. Los organismos de derechos humanos festejaron al pie de las escalinatas del edificio del alto tribunal, ayer, apenas conocida la noticia.
Pero el festejo es de todos. La impunidad construida durante años empieza a desvanecerse, aunque la justicia llegue, como siempre, tarde.
Es un triunfo saber que en Argentina se comienza a hacer justicia de verdad, al menos hasta donde se pueda después de tantos años.
Pero el verdadero logro es que la lucha de quienes bregaron por esta alegría de hoy se haya mantenido durante todos estos años, permanente, pacífica, tolerante y sin pedir jamás “manos duras”, ni caer en actitudes violentas.
Ellos son quienes merecen de verdad la alegría de este día: las Madres, los Hijos, otros organismos como las Abuelas de Plaza de Mayo y el Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS), que además fueron los que impulsaron la causa en la que debía fallar la Corte.
Hoy es un día de alegría. Pero la lucha no debe cesar y sabemos que no va a ser así. Porque el ejemplo está dado, el camino está marcado para las nuevas generaciones, y los logros, a la vista.